TEMÁTICAS DE LA CANCIÓN:
LA BELLA Y EL METRO
Esta
canción de Serrat nos muestra los FILTROS con que miramos
a los demás. "cada quien se
inventa la suerte del prójimo"
Nosotros
tenemos un modo de conectarnos con LA REALIDAD, a través
de los sentidos. Ya sabemos que esos sentidos no registran todo
lo que hay: hay sonidos que no oímos pero un perro sí.
Para ello hemos desarrollado una gran variedad de tecnología
que amplía nuestro espectro perceptivo: radares, escuchas,
telescopios y microscopios.
Más
alla de eso nos parece que captamos bastante bien nuestro entorno.
Sin embargo, hay dos barreras invisibles que se interponen entre
nosotros y la realidad: es lo que se llama la SELECCIÓN
PERCEPTUAL
Los
FILTROS PERCEPTIVOS: Son los criterios que determinan qué
percibimos y qué suprimimos
Dentro de la gran diversidad de estímulos que nos rodean
seleccionamos aquellos que son de nuestro interés o necesidad.
Ese interés puede variar de una época de nuestra
vida a otra, y a veces de un día a otro. No me interesa
el resultado de River – Boca; descubrí que hay un
montón de carteles de “Se vende” en mi barrio;
etc.
Estos filtros son importantes ya que nos muestran el abanico de
opciones que tenemos frente a nosotros. Si la variedad de opciones
no es suficientemente amplia, las decisiones se tomarán
sobre un universo empobrecido. Según como percibimos la
realidad, es como actuaremos.
Dinámica
para trabajar con esta canción: Veamos qué
ven…
1.
Según el relato de Serrat, algunos ven vasos “medio
llenos” y otros, vasos “medio vacíos”
OPORTUNIDADES,
CLIENTES POTENCIALES, etc.
El escritor ve lectores
El casero ve inquilinos
Juanetes, el pedicuro.
AMENAZAS
los banqueros ven morosos,
y la pasma, sospechosos
las señoras, tipos raros
2.
¿Qué otros ejemplos de Oportunidad o Amenaza encuentras
en la canción?
3. ¿Qué ves tú cuando viajas en el metro,
caminas por la calle, paseas por tu empresa? ¿Oportunidades?
¿Amenazas? ¿Colaboradores…o… Gente que
te serrucha el piso?
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LA
BELLA Y EL METRO
Letra y Música de J.M. Serrat
Entre
el infierno y el cielo,
galopando entre tinieblas
de la periferia al centro
del centro a la periferia,
el metro.
Con
ojos de sueño viene
cruzando la madrugada;
regresará a medianoche
con el alma fatigada,
el metro.
Cargando
arriba y abajo
íntimos desconocidos,
amaneceres y ocasos
con dirección al olvido.
Por
sus arterias discurre
presurosa humanidad,
el alimento que engorda
la ciudad.
De
reojo se miran,
de lejos se tocan,
se huelen, se evitan,
se ignoran, se rozan;
y en el traqueteo
del vagón hipnótico
cada quien se inventa
la suerte del prójimo.
El escritor ve lectores,
el diputado, carnaza;
el mosén ve pecadores,
y yo veo a esa muchacha
del metro.
Los carteristas ven primos,
los banqueros ven morosos,
el casero ve inquilinos
y la pasma, sospechosos
en el metro.
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El
general ve soldados;
juanetes, el pedicuro;
la comadrona, pasado;
el enterrador, futuro.
La bella ve que la miran,
y el feo ve que no está
solo en este mundo que
viene y va.
La
bella se deja
mirar mientras mira
la nada que pasa
por la ventanilla.
Distante horizonte
de cristal de roca,
ajena y silente
flor de mi derrota.
El revisor ve billetes;
el sacamuelas ve dientes,
el carnicero, filetes;
y la ramera, clientes
en el metro.
Los
avaros ven mendigos,
los mendigos ven avaros;
los caballeros, señoras;
las señoras, tipos raros
en el metro.
El
autor ve personajes,
el zapatero ve pies;
el sombrerero, cabezas;
el peluquero, tupés.
Los
médicos ven enfermos,
los camareros, cafés;
yo sólo la veo a ella:
la bella,
la bella,
la bella que no me ve.
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